Quico Prat, Peña Espanyolista de Madrid

Modelo de club

¿Cómo queremos que nos vean?

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Cuando, en estas mismas páginas de nuestro querido 23perico he leído algunas opiniones sobre el modelo de club para el Espanyol del futuro no he podido evitar cierta sensación de extrañeza. No podía sino preguntarme pero, ¿están hablando del Espanyol? ¿De “mi” Espanyol? No, debe ser que no, debe ser que hablan del Liverpool o, del Milán… por lo menos. Porque tengo la impresión que el haber pisado Glasgow y levantado dos copas nos ha trastornado un poco a todos. O que el hecho de tener campo propio nos ha hecho creer que Cornellá será tan “alto” como Old Trafford, y desde allí miraremos hacia abajo al resto de equipos de la clasificación. Y, claro, así, si quedamos en el puesto doce, debemos buscar ya “otro proyecto”. Y no es eso, amigos, no es eso.

Entre el modelo de club, más bien cutre, de mis tiempos del somos- españolistas-siempre-unidos-estamos y el mega-club-mediático-glamoroso debe haber un término medio. Y en ese término medio estamos nosotros. Quiero reflexionar en voz alta con los lectores sobre el área social del club. La proyección de nuestra identidad hacia fuera debe cobrar un protagonismo mucho mayor del que hasta ahora ha tenido.

Planteémonos quiénes queremos ser mañana, pero partiendo de lo que somos hoy. Antes de pensar en cómo desplegar una estrategia comercial, un esquema de fútbol-base o una política de fichajes, planteémonos quiénes somos. En el lenguaje, tan de moda, de la calidad, cuál es nuestra “visión”, “misión” y “valores” antes de pensar cuál va a ser nuestro “Plan Estratégico”.

Por mi condición de perico “en el exilio” puedo aportar una reflexión sobre cómo nos ven en el resto de España. Es sabido que Madrid, ciudad en la que vivo, es crisol de culturas y procedencias; así como en Barcelona el color blaugrana es asfixiante, aquí uno se desayuna con la parienta del Atleti, compra el periódico a un gallego del Depor, se toma el café en el bar con las paredes forradas de posters del Betis , trabaja en la misma mesa que un valencianista y los fines de semana sale de cañas con esos amigos vascos, tan majos ellos y tan apasionados con su Athletic de Bilbao.

Y se habla mucho de fútbol a lo largo del día, pero con distintos acentos.; lo cual, por cierto, es de lo más sano y divertido. Con todo ello, al final del día uno acaba teniendo una idea bastante exacta de cómo nos ven los demás equipos de Primera, las demás aficiones. Y uno se plantea cómo quisiera que nos vieran. Porque, mucho de lo que le queda a nuestro club por recorrer, está en el ámbito de la imagen y la comunicación. No comunicamos bien lo que somos. Aficiones de otros equipos nos siguen viendo, ¡ay!, como una sucursal del Madrid, como “catalanes-pero-menos”, como unos parias-sin-identidad o, en el mejor de los casos, como un club del montón.

Pues -qué quieren que les diga- a mi eso me duele. Y creo que estamos en el deber de preguntarnos cómo desearíamos ser percibidos, o, lo que es lo mismo, qué imagen de club queremos proyectar. Y a mi se me ocurren unas cuantas cosas. Me gustaría que de nosotros se dijeran cosas como estas:

• Un club humilde, consciente de que si un año se está en Europa y al siguiente quedamos a mitad de tabla, no nos estamos asomando al precipicio ni hay que hace “borrón y cuenta nueva”. Jefe, póngame otro míster, que este año hemos quedado el doce!.

• Un club profesional, con un presidente con “auctoritas” pero sin mando en plaza. Con un gestor a la cabeza con todo el poder para hacer y deshacer apoyado por su Consejo. Los órganos del club deben ser eficaces; para ello, el tener tantos miembros puede ser un obstáculo (véase, a modo de ejemplo, la lista de consejeros o la de patronos de la Fundación).

• Un club que sabe a lo que juega, con un proyecto personalizado en su entrenador. Sé que “proyecto” es una palabra demasiado gastada; pero también sé que no ayuda nada el que llevemos once entrenadores en once años.

• Un club apolítico, no identificado con causa política alguna. Y, para ello, un estadio blanquiazul en Cornellá. Solo blanquiazul. En el que las banderas que ondeen sean las nuestras; las españolas, para la Selección; las senyeras, para la Sel.lecció; para nosotros, los colores de Roger de Lluria. Y punto.

• Un club señor, con fair play, con gestos de estima y acogida hacia las aficiones rivales; ¿alguien piensa que el trato recibido, por ejemplo, en El Madrigal, proyecta una imagen positiva de los amarillos? Muy al contrario. Seamos nosotros especialmente cariñosos con las aficiones visitantes. Recogeremos, entonces, en los campos de España, lo que habremos sembrado.

• Un club con una afición divertida, que disfruta en los desplazamientos del equipo, que vive el fútbol como una fiesta, que no son anti-nada; solo sanamente pericos.

• Un club despojado, de una vez por todas, de la ansiosa necesidad de hablar del Barça; que practique la total indiferencia hacia los culés. Cada vez que la grada estalla en un “puta Barça” perdemos la oportunidad de animar a los nuestros. A nadie le importa que gritemos contra el Barça. ¿Para qué? ¿Nos oyen los culés? ¿Dice algo ese grito a los jugadores que están en el campo? ¿nos define ante las aficiones de otros equipos?

• Un club en el que las Peñas están representadas en los órganos de proyección social de la entidad. Con una Federación de Peñas de carácter estatal para dar protagonismo a las Peñas (pocas, pero haberlas haylas) de fuera de Catalunya.

• Un club con gente de la casa y, al estilo de los clubes vascos, con una tradición de cantera que el resto de clubes reconozcan y valoren. Y con voluntad de dar a conocer nuestro modelo de cantera; en foros deportivos, económicos y sociales debemos presentar el “sello RCDE” de gestión del fútbol base.

• Un club que pertenece a los socios y simpatizantes; no a los accionistas ni a los jugadores; sepamos siempre recordar a los deportistas que llevan nuestra camiseta. Y a los accionistas, que son los dueños de una sociedad anónima, desde luego, pero no de un sentimiento. Todos deben ver, fuera de Barcelona, que el Espanyol pertenece a las familias pericas. Al abuelo, a los padres, a los hijos y los nietos de nuestras familias. Proyectemos, pues, la imagen de un club familiar.

• Un club, al fin, comprometido con la sociedad. El papel de nuestra Fundación debe ir en aumento. Debemos ser un club más comprometido en proyectos de iniciativa social y cooperación internacional, en alianzas estratégicas con entidades públicas y privadas; el logo de nuestra Fundación debe llegar mucho más lejos. Y debe verse, también, fuera de Catalunya, en el resto de España.

Sueño con un club así, amigos. Soy consciente de que algunas de estas metas no son fáciles; tal vez el lector las encuentre imposibles. Pero, solo si nos las proponemos juntos, podemos alcanzarlas. Y es tarea de todos, pero sobre todo tuya; tú, que estás leyendo esto, eres responsable de hacer un Espanyol más grande. O nos lo creemos o perdemos el tren del “aggiornamento” de nuestro querido Espanyol.